“Cualquier destino, por largo y complicado que sea consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quien es.” Este pensamiento borgiano está en los cimientos de Anatomía de un instante, la obra en la que con la precisión del cirujano y el estilo del escritor, Javier Cercas nos ha hecho partícipes de una nueva e imprescindible mirada sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Si todavía no la han leído, corran a hacerlo, porque si no viviéramos en tiempos líquidos, nos atreveríamos a sostener que estamos ante el libro definitivo respecto a ese crucial instante de la vida de nuestro país.
Hemos de confesarles, además, que nosotros –modestos protagonistas de algunos debates entorno a la denominada memoria histórica- compartimos la reivindicación que hace Javier Cercas de la transición frente a quienes pretenden apropiársela –el PP-, o cuestionarla: la izquierda arrogantemente esencialista, una cierta izquierda juvenilmente narcisista y (este añadido es nuestro) un nacionalismo que necesita como el agua convertir todo éxito colectivo en fracaso nacional y traición del otro.
¿Es acertado aplicar el aserto borgiano no sólo a individuos, sino también a sujetos colectivos, comunidades o incluso pueblos y naciones? Nosotros intuimos que sí. Y cuando estamos llegando a la meta de un nuevo modelo de financiación autonómico que será justo con Cataluña y positivo para el conjunto de España, vale la pena subrayar que estamos viviendo unos de esos momentos que nos permiten –y nos obligan- a saber quienes somos o quienes no somos; tal vez no para siempre, pero en todo caso, por una larga temporada. Les avanzamos algunos pronósticos: Rajoy se opondrá al nuevo modelo por razones intrascendentes, mientras deja el trabajo sucio de criticarlo utilizando argumentos anticatalanes a otros miembros del PP y a sus voceros mediáticos; Mas tampoco lo respaldará. Y su posición nos parece inatacable. Mas sólo apoya los acuerdo lesivos para Cataluña que firma con el PP y que le son útiles para mantenerse en el gobierno o para intentar recuperarlo.
