No quiero mentirles. El “neocon ibérico” no tiene ni la convicción mística de un telepredicador del medio oeste americano, ni la glamourosa codicia de un master del universo de Wall Street. Consciente de que no puede aspirar a desgobernar el mundo desde una administración bush, el “neocon ibérico” -especialmente en su versión castiza que se prodiga por Madrid y alrededores- se conformó, durante los últimos cuatro años, con aplicar a rajatabla la estrategia de la crispación con el fin, no de hacer oposición al gobierno, sino de impedirle gobernar.
Somos incapaces de avizorar si esta gravísima crisis financiera internacional supone a la versión selvática del capitalismo lo que al comunismo la caída del muro de Berlín. Nos conformamos con que de la misma surja un sistema financiero mundial más ordenado, transparente y relacionado con la economía productiva. Un sistema con más controles democráticos. Y si, de paso, sirve para poner en su sitio los mantras que los neocons han recitado a lo largo de estos años, el dogma habrá vuelto a sucumbir ante la realidad.
En Cataluña, la versión doméstica del “neocon ibérico” la ocupa el “neocon casolà”. Es menos ruidoso que el castizo, pero igual de fundamentalista. Y así como el castizo practica sin complejos el nacionalismo español, el casolà suele disfrazarse de joven nacionalista y soberanista catalán, colaborando con más empeño que acierto con Artur Mas. Aunque el castizo y el casolà parezcan francamente distintos, como neocons que son tienen muchos puntos en común. El último: ambos han cargado contra unos Presupuestos Generales del Estado que prevén una inversión en Cataluña de 4.626,56 millones de euros para el 2009 en cumplimiento de la Disposición Adicional Tercera del Estatut. Y ambos, cuando gobernaban España y Cataluña, pactaron –como definitivo- el actual modelo de financiación que padece la sociedad catalana e hicieron desaparecer a Cataluña del mapa de inversiones del Estado. Bush hijo los cría….
