El azar –esa manera laica de referirse a la diosa fortuna- hizo que el primer día de vida de la alta velocidad ferroviaria entre Barcelona y Madrid lo viviéramos desde Mataró, a donde habíamos ido a realizar una entrevista electoral para la televisión local.
El 28 de octubre de 1848 circuló entre Barcelona y Mataró, a la entonces nada despreciable velocidad de 30 km/h, el primer tren español en territorio peninsular. El primer tren que había circulado por territorio español lo había hecho en 1837 entre La Habana y Bejucal (Cuba), con el fin de transportar caña de azúcar. En ambos casos tuvo un papel protagonista Miquel Biada i Bunyol, un mataronés que, como otros catalanes, hizo fortuna en Cuba, defendió el esclavismo y acabó regresando a su ciudad natal. Fue la iniciativa emprendedora de Biada y su capacidad para encontrar socios capitalistas las que hicieron realidad el sueño de unir Mataró con Barcelona por tren.
La llegada del AVE a Barcelona es una magnífica noticia para la ciudad, para su área metropolitana, en la que se encuentra Mataró, para Cataluña y para el conjunto de España. No lo es para quienes necesitan alimentar sus alicaídos proyectos nacionalistas con malas noticias, desengaños y frustraciones. La construcción del ferrocarril entre Barcelona y Mataró tuvo que sortear manifestaciones –y hasta alguna acción contra su construcción- a su paso por Badalona, Tiana y Masnou. También el AVE entre Barcelona y Madrid ha acumulado retrasos y problemas constructivos. Pero ya está aquí. Y de lo que se trata ahora es de alcanzar nuevos objetivos: la estación de la Sagrera, Girona, la frontera francesa, el corredor mediterráneo hacia Valencia. Como ustedes saben, los pesimistas siempre tienen una excusa; los optimistas siempre tenemos un proyecto.
